martes, 23 de marzo de 2010

23 cruasáns para comer


Hace bastantes años (cuando aún no habíamos entrado en ésta crisis económica) trabajaba en una pequeña panaderia muy cerca del centro de Barcelona. Tenía bastante éxito, pues tambíen vendíamos pasteles, y bombones... Pero no todos los días teniamos el mismo numero de clientes, y muchas veces nos sobraba comida. Los pasteles podían aguantar más tiempo, pero las ensaimadas, los cruasáns, el pan... todo eso lo teníamos que tirar.

A veces venía algun que otro mendigo a pedirnos toda esa bollería, y yo lo veía correcto. Si alguna vez me habían sobrado un par de pastas y nadie había venido a por ellas, pues al final de la jornada me las llevaba a casa o me las comía por el camino. Mis padres me educaron con la idea de que: "La comida no se puede desperdiciar".

Pero recuerdo una vez, que me sobraron 23 cruasáns! y todos para tirar a la basura. Estaban en buenas condiciones, pero no servirían para vender a la mañana siguiente... Esperé 10 minutos después de habér cerrado la tienda, por si venía algun mendigo... no apareció nadie.
Un par me los habría comido... pero 23!...
Me negué en tirarlos, y me puse a andar como 35 minutos hacia los estrechos callejones peatonales, buscando algun hambriento, hasta que me encontré con una mujer joven que bestía con cuatro trapos y una chaqueta rota y empujaba un carro de la compra lleno de chatarra.
Le pregunté si quería alguna pasta y hasta aquel momento, jamás había visto iluminarse unos ojos de esa forma al ver la bolsa llena. -Para mis hijos!- exclamó.
No se como sería la vida de esa mujer, lo unico que me dijo es que tenía 4 hijos y que estarían encantados de poder comer esa delícia. Y con eso tube mas que suficiente.
No es difícil distinguir cuando una persona pasa realmente hambre, y cuando se encuantra en esas situaciones tan precarias. Y de verdad que no es dificil saber cuando alguien esta agradecido desde lo mas profundo del alma.

El tiempo paso, y yo dejé de trabajar en esa tienda (que aún sigue prosperando). A la mujer no la he vuelto a ver, pero en cambio si que he visto esa mirada de cansancio, hambre y preocupacion en muchas otras personas (cada vez más) y sigo pensando que "la comida no se debe desperdiciar". Una cosa es dar limosna y otra muy diferente es dar comida.

Para nosotros serà una tontería, pero a veces un cruasán puede significar mucho mas de lo que imaginamos... y para esa mujer, ese dia fueron 23.




Saludos
Epigrama

sábado, 13 de marzo de 2010

Fernando


Una vez conocí a una persona que me resultó muy curiosa.
Hacía años que se había quedado sin trabajo, y había perdido el contacto de su mujer y su hija. Cada noche se preparaba la cama con una caja de carton y unos periodicos y se disponía a dormir no sin antes labarse los dientes con su viejo cepillo.

Tantos años en la calle, le havían enseñado a vencer el frio de la noche, a cobijarse de las fastidiosas lluvias y a ser el primero en levantarse con la llegada del dia.

A veces iba a hacer deporte por los jardines de Barcelona, o se acercaba al Tibidabo. Algun dia ayudaba a cargar y descargar furgonetas, y con el dinero que le daban, pagaba en alguna piscina o baño turco un pase para poderse duchar.
Algunos dias, lo veías leyendo libros que se había encontrado, y otros hablaba con vecinos de la zona, quienes al verlo tan simpatico y arreglado, le daban algo de comer.

El cambió mi forma de pensar.

En esa época yo trabajaba en una pastelería cerca del centro de la ciudad. Tenía mucho éxito, pero no siempre abundaba la clientela, y era entonces cuando teníamos que tirar toda la comida que había sobrado y que se estropearía durante la noche...
La primera vez que vi a Fernando, fue uno de esos dias. Ya se acercaba la hora de cerrar y tenía una bandeja con 8 o 9 pastelitos de chocolate para tirar. El caso es que estaban buenos, pero la parte exetior se había resecado un pelin... y ya no se podían vender.
Me daba tanta rabía desaprovechar toda esa comida que decidí esperar hasta el último momento por si aparecia algun ambriento pidiendo lo que fuéramos a tirar.

La jornada laboral terminó y empecé a cerrar la tienda. Así que, una vez contado el dinero de la caja, me dispuse a tirar todos esos apetitosos pastelitos.
Desde la puerta vi que alguien estaba remobiendo la basura. Al principio me dió un poco de miedo. Pues en esa zona había un indigente que se le había visto deborando latas enteras de comida de gato y que era un poco agresivo con la gente que lo miraba. Mis padres siempre me habían dicho que si lo veía, que procurara cambiar de acera y pasar de largo mirando al suelo, para no llamarle la atención.
De todas formas, ese día decidí no hacerles caso, asi que me acerqué con cautela. Y sin saber si era él o no, empecé a hablarle mostrándole a la vez todo ese montón de chocolate.
-Disculpe... hola... quería saber si le apetecía un pastel de chocolate...-
Ese hombre robusto y barbudo se me quedó mirando y no tardó ni un segundo en responder
-De veras? puedo cojer uno?- preguntó sonriendo. En aquél instante toda la tensión que llevaba encima se esfumó. Entonces fué cuando le entregué la bandeja.
-Oye, pero como? Todos no! me vas a destrozar el higado!- Exclamó con tono bromista.

El pobre se quedó atonito y sorprendido; le conté la situación... que si no se los llevaba todos, los tiraba a la basura. Y así fue como se los llevó, asegurando que los repartiría con un par de amigos indigentes que vivían por la zona.

Y desde aquel dia, que de vez en cuando se pasaba por la tienda para charlar un rato, o para labarse los dientes en la fuente que había en frente.
Se le veía culto, con modales... había sido programador informatico en una buena empresa, pero por motivos varios, había acabado alli.
La ultima vez que le vi, me dijo que un vecíno de la zona, le había conseguido un trabajo fijo y prestado una furgoneta. Y de eso ya hará unos 7 años...

Y desde entonces, dejé de generalizar. Siempre había pensado que todos los indigentes eran unos borrachos, sin estudios, analfabetos i/ o drogadictos...
Pero gracias a él, vi que detrás de cada persona hay todo un mundo, una vida rota, y tantas historias distintas por contar que no hay que fijarse en las apariencias.

Y menos hoy en dia, que nos encontramos en una fuerte crisis, las empresas estan cerrando y cada vez hay mas personas en la calle. Todos tenemos algun familiar, hermano, amigo, vecino o conocido que se puede estar quedando en una situación similar... Algunos aun conservan su piso, pero ya empiezan a mendigar...
Cada vez hay mas gente buena en la calle, que necesita ayuda, trabajo y comida.



Saludos
El epigrama.

Las Palomas no necesitamos ayuda.


Hace nada vi en un blog esta pequeña Ilustración que usan en Japon para que la gente no de comida a las palomas. Es una pagina que no tiene nada que ver con palomas, pero informa de muchas cosas curiosas y que son my interesantes.
(http://www.kirainet.com/)

"Las Palomas ya saben buscarse la comida por ellas mismas y no necesitan ayuda"

Realmente dice : "Puedo conseguir comida yo mismo" .
Y la verdad es que tienen razón. En las ciudades, como Madrid, Barcelona, Londres, Tokyo... hay un montón de lugares donde puedes comer si eres una paloma. Por ejemplo?

- Cerca de supermercados y restaurantes: al final del dia llegan a tirar tantos desperdicios, que palomas, cucarachas y ratas se pueden hacer un gran banquete, es más, ultimamente hasta mendigos, señoras mayores y personas que no llegan bien a final de mes, se apuntan a buscar entre la basura de esas zonas... y cada vez son mas.
- En panaderias y pastelerias... que hacer con todos esos croasans del dia que se han secado? y los pasteles que se han caido al suelo, medio -secado, o estropeado...?
-El patio de cualquier colegio: las palomas no tienen miramentos a la hora de comer pan, jamon, ... y cualquier cosa que pueda rechazar un niño, o simplemente no comer...
-Parques y zonas verdes.- Aunque ya no hubiera quien de de comer a las palomas, estas mismas seguirian acudiendo. Por la misma razon que en los patios de colegio. Y he visto muchas veces palomas dentro de las papeleras comiendo las sobras de algun bocadillo.

LOS HUMANOS TIRAMOS MUCHA COMIDA AL FINAL DEL DIA, puede que no suficiente como para llenar un plato y darse-lo a alguien necesitado... pero muchas veces si. Y es evidente que hay comida de sobras para las palomas.

En cambio... ese croasan que va esparciendo por el suelo... o esa barra de pan... yo creo que alguien se lo agradeceria si no lo hiciera...
1.- alguna vecina que, por su escasa pension, no llega a fin de mes...
2.- algun indigente...
(ellos se lo pueden agradecer en palabras, en hechos, y de muchas maneras... y las palomas? como lo agradecen?)

Les puede parecer bonito alimentarlas, pero cuando el "alimentador se va" y las palomas se vuelven a sus nidos... que queda?
1.- Excrementos. Puede que por un dia no pase nada... pero la continuidad de la situación conlleva a un cambio...
2.- Un lugar sucio, un nido de infección y poca higiene. Y curiosamente, como acostumbra a pasar en parques y plazas... alli juegan los niños (a pelota por ejemplo). Y después que hacen los niños? SE METEN LAS MANOS EN LA BOCA, PORQUE SON NIÑOS! Ellos no serán conscientes de tal guarrada, pero los mayores (supuestamente) lo deberíamos ser.
(en otro apartado ya comenté las enfermedades e insectos que aportan las palomas)

De verdad, creo que este cartel tiene mucha razón... y lo havía pensado alguna vez... y me ha encantado ver que hay mas gente que opina lo mismo (a parte de los ayuntamientos y cientificos)